Bolivia: Un primer ciclo exitoso

En mayo de 2018 en cooperación con la GIZ comenzamos a trabajar en un ambicioso proyecto en Bolivia en el que junto al Ministerio de Medio Ambiente y Agua (MMAyA) – a través del Servicio Nacional para los Sostenibilidad de los Servicios de Saneamiento Básico (SENASBA) – se dio inicio al “Programa de Educación Ambiental, Ciencia y Tecnología con Experimentos”.

Prácticamente dos años más tarde, en junio de este 2020, el testimonio de los 986 maestros capacitados en 47 unidades educativas habla de un fundamental cambio de actitud y hábito de parte de los 22.639 niños alcanzados. Gracias a este trabajo hoy la gran mayoría de ellos ha incorporado a su vida diaria prácticas saludables como lavarse las manos, y no botar basura en el patio de la escuela ni en espacios públicos. Además de transformarse en verdaderos supervisores de grifos e instalaciones sanitarias de la escuela para que no tengan pérdidas. Todo un éxito si se considera que el objetivo prioritario del Programa era mejorar la educación de las y los estudiantes de los niveles primario y secundario, en las áreas de ciencias que tienen relación con el medio ambiente:  agua, saneamiento, energía y salud.

Resultados concretos que sin duda afectarán positivamente la vida de estas comunidades y que permiten pensar en resultados de más largo plazo como despertar el interés de los jóvenes en carreras técnicas y científicas. Otro de los objetivos del proyecto que responde a una necesidad concreta del país por profesionales de estas áreas.

El Programa se desarrolló en 47 Unidades Educativas de las localidades de Warnes y El Torno en Santa Cruz; Tarija, Yacuiba, y Entre Ríos en Cochabamba, La Paz y Oruro.

A futuro se espera lograr un alcance nacional, a través de la formación de maestras y maestros de la Universidad Pedagógica, también socio en este proyecto.

Parte fundamental del programa fueron los talleres de capacitación para profesores que permitieron fortalecer el desarrollo de nuevas competencias en maestras y maestros, a partir del programa educativo internacional Experimento de la Fundación Siemens Stiftung que fue adaptado al currículum local. La realización de experimentos aportó una mayor internalización del conocimiento científico, lo que despertó el interés y motivación en las y los estudiantes por la experiencia del “aprender haciendo”.

Según el informe final del Programa: “Las y los docentes confirman que los experimentos ayudan a que las clases se vuelvan interactivas, creativas y participativas. El hecho de iniciar una clase a partir de una pregunta motivadora, y luego realizar la práctica, modificó la rutina de la enseñanza favoreciendo a que las clases sean más significativas. Esto gracias a que el experimento permite la recopilación de conocimientos, ideas y experiencias previas con las que cuenta cada estudiante, a partir de las cuales se desarrollan nuevos saberes y conocimientos. Además, les permite reflexionar sobre la necesidad de actualizar continuamente sus conocimientos sobre las temáticas abordadas.

Estas reflexiones fueron internalizadas por las y los estudiantes y se convirtieron paulatinamente en acciones concretas y en nuevos hábitos orientados a un cuidado consciente de los recursos naturales y el entorno ambiental”.